El oro ha reafirmado su supremacía como activo refugio y, más allá de su tradicional rol de protección ante la incertidumbre, ha demostrado ser el activo con mejor desempeño del siglo frente a las bolsas de valores y los bonos estadounidenses. Actualmente, los mercados financieros enfrentan una corrección severa y cíclica, pero el oro ha alcanzado niveles históricos, impulsado por flujos de capital que huyen del riesgo.
La reciente volatilidad del mercado ha confirmado el atractivo del metal precioso. Mientras el Nasdaq y el S&P 500 registran caídas significativas y el Bitcoin retrocede desde sus máximos, el oro ha superado la barrera de los $3,000 dólares por onza, marcando un nuevo récord. En este contexto, los fondos cotizados en bolsa (ETF) de oro han experimentado sus mayores entradas de capital desde 2022, en contraste con los ETFs de Bitcoin, que han visto salidas de más de $5,000 millones de dólares desde febrero.
El trasfondo de este fenómeno radica en las condiciones macroeconómicas y políticas actuales, pues el crecimiento económico en Estados Unidos ha sido sostenido artificialmente mediante una expansión del gasto público y un déficit fiscal sin precedentes. Un informe del Bank of America destaca que el 85% del crecimiento del empleo en Estados Unidos ha estado vinculado al sector gubernamental o a sectores financiados por el Estado, una tendencia insostenible a largo plazo.
En 2024, el gasto público representó un tercio del PIB estadounidense, financiado con déficits fiscales de entre el 6% y el 7%, niveles históricamente elevados fuera de períodos de crisis o guerra.
A pesar de los intentos por mitigar la recesión, los efectos de la política fiscal expansiva comienzan a disiparse, lo que sugiere un inevitable ajuste en los próximos trimestres.
Además, el gasto público deficitario inyectado por la administración de Joe Biden ha retrasado la llegada de la recesión en Estados Unidos, pero el gobierno de Donald Trump ahora enfrenta la difícil tarea de implementar recortes presupuestarios que podrían profundizar la desaceleración económica.
Los inversionistas no preparados y aquellos con posiciones a corto plazo podrían verse especialmente afectados, mientras que los de largo plazo podrían encontrar oportunidades en activos con mayor estabilidad, como el oro.
El oro, como activo refugio, no solo se beneficia de la incertidumbre económica y política, sino también de las expectativas sobre la Reserva Federal. Históricamente, en momentos de recesión, la Fed responde con recortes en las tasas de interés, lo que tiende a impulsar el precio del oro. Si bien la inflación ha mostrado signos de moderación, persisten dudas sobre la capacidad del banco central para controlar los déficits estructurales sin generar disrupciones en los mercados.
Los mercados también anticipan un reajuste global en la asignación de capital. Mientras que las acciones estadounidenses han disfrutado de una posición de privilegio en los últimos años, la tendencia podría inclinarse hacia activos más sólidos, incluyendo bonos, acciones internacionales y, por supuesto, el oro. Estrategas del Bank of America han recomendado un enfoque de inversión basado en "BIG" (Bonds, International stocks & Gold), sugiriendo que la era del "excepcionalismo estadounidense" podría estar llegando a su fin.
A nivel global, el fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos. Alemania evalúa flexibilizar su regla de deuda para financiar infraestructura, China impulsa reformas orientadas al mercado y Argentina ha implementado recortes fiscales equivalentes al 5% de su PIB. Esta transición de un modelo basado en gasto público a uno impulsado por el sector privado no estará exenta de turbulencias, lo que podría acentuar el interés por activos defensivos como el oro.
Los mercados de valores, por su parte, han reflejado el temor a una desaceleración prolongada. La caída de los índices bursátiles y la creciente aversión al riesgo han debilitado la confianza de los inversores en activos cíclicos. El S&P 500 ha entrado en territorio de corrección, acumulando una pérdida de más del 10% desde sus máximos recientes, mientras que el Nasdaq ha visto una secuencia de caídas intradiarias sin precedentes.
Además, la incertidumbre geopolítica ha contribuido a reforzar la posición del oro. Las tensiones comerciales, particularmente en torno a la política arancelaria de Estados Unidos, han generado inestabilidad en los mercados internacionales. El aumento de aranceles sobre productos europeos y la posibilidad de nuevas medidas proteccionistas han agregado presión a un sistema financiero ya frágil.
A nivel internacional, el comercio global también enfrenta perturbaciones por las políticas de proteccionismo de los países del G20, lo que podría traducirse en un menor crecimiento económico global y una mayor demanda de refugios seguros como el oro.
¿Ha terminado la corrección del mercado?
El estratega de Bank of America, Michael Hartnett, ha señalado que la reciente corrección del mercado no representa necesariamente el inicio de un mercado bajista, sino más bien un ajuste cíclico. Según sus análisis, la economía estadounidense ha dependido en gran medida del gasto público financiado con deuda, lo que ha inflado artificialmente el crecimiento en los últimos años.
Hartnett destaca que el S&P 500 podría ser una compra atractiva en el nivel de 5300, siempre que se cumplan ciertos criterios clave, como un aumento del efectivo en BofA FMS por encima del 4% y una ampliación de los diferenciales de alto rendimiento a 400 puntos básicos.
Sin embargo, advierte que aún podría haber más dolor en el mercado, ya que el patrón actual de caída en los rendimientos y en las acciones recuerda episodios de crisis pasadas como las de 2000, 2002 y 2008.
En su recomendación de inversión, Hartnett reitera la importancia de la estrategia "BIG" (Bonos, Internacional, Oro), sugiriendo que el oro sigue siendo una de las mejores coberturas ante la incertidumbre económica global. El estratega destaca que el fin del "excepcionalismo estadounidense" podría marcar un punto de inflexión en los mercados y reforzar la demanda de activos refugio como el oro.
El oro es la mejor cobertura contra una guerra comercial en toda regla, según afirmó el 52% de los inversores en el informe FMS Global de febrero de BofA (el 15% dijo dólar estadounidense, el 9% bono del Tesoro estadounidense a 30 años).