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Opinión

Más y osare…

El Purgatorio de @elcabritomayor

Más que un editorial inspirado en los políticos, el de hoy es un texto dedicado al nacionalismo y  al amor a la patria que, en días pasados, ha sido relativamente convocado en la estrofa del “más y osare extraño enemigo” para ponernos como escudo de la defensa de nuestra soberanía.

Y es que, más allá de la miel que debía brotar de una armoniosa relación para endulzar la existencia entre los gobiernos y sus gobernados, es la sangre que da y quita la vida la que se ha derramado desde nuestros antepasados hasta nuestros días, marcando la historia de esta nación que hoy que se mantiene vigorosa, pero de igual forma, atorada entre la guerra de clases, la guerra de intereses, la guerra de poder, y la guerra de las sinrazones por una  riqueza que existe en las voraces y perversas mentes ávidas de poder.

Siglos han pasado desde la conquista hasta nuestros días. Con ella, sobre las carabelas de los descubriores, llegaron el idioma, la religión y los toros de lidia para enraizarse en este territorio y detonar sobre él la transculturización, que como ADN nos ha obsequiado una orgullosa identidad nacional. Como consecuencia de ello, hoy somos un gran país que goza de sus diferentes culturas y sus tradiciones, a pesar de tener sembrados en su territorio McDonald's, Burgers, KFC, Starbucks, Smart, Outlets y demás negocios importados a tiros de dólar. Y, a pesar de su existencia, no nos ha quitado el ser una nación libre, soberana e independiente.

Batallas más, batallas menos, independencia, revolución, insurgencia, transformaciones y mil contingencias más, pasando por el enemigo mexicano más odiado por la historia de los norteamericanos, "Pancho Villa", nuestro país, nuestro México, ha escrito con letras de sangre, combate tras combate, su historia hasta nuestros días en aras de su bienestar.

Y a pesar de ello, hoy vivimos indefensos e inmersos en el desigual combate  que mata, que quita la vida inocente por el interés de una delincuencia organizada o no, en una guerra no declarada que nos ha robado la tranquilidad, desaparece a nuestros jóvenes, hurta nuestros bienes, se mete en nuestros hogares, asalta nuestras calles, aniquila nuestras ciudades y envenena a nuestros hijos.

Paralelamente a este grave mal, los mexicanos padecemos las consecuencias de otra delincuencia bien organizada, y con las nuevas reformas, hasta legal, bajo el antifaz de una nación civilizada, en el nombre de la democracia.

Antes, un solo partido era el que gobernaba. El que hacía y deshacía, el que llevaba algo de beneficio a las comunidades, pero mandaba solo. La guerra, los combates, los conflictos de interés eran hacia dentro, entre los del mismo gremio y el objetivo era el mismo: el poder. Por fuera, nadie osaba seriamente enfrentar al todopoderoso; los intentos solo eran parte de una farsa bien montada para aparentar una naciente democracia. Los partidos opositores, por naturaleza al "todo poderoso sistema", jugaron su juego suavemente con el tiempo, hasta tomar una posición que pudiera darle réditos y posiciones políticas.

Y los que no pudieron ganarle a Sansón a las patadas, por encima de sus ideales, lealtades y convicciones partidistas, huyeron con la sabiduría de las mañas aprendidas para seguir jugando ese juego democrático, construyendo sus propios juguetes en forma de partidos políticos. Desde Cárdenas hasta el renegado de AMLO, por mencionar algunos de los notables que se fabricaron su propio carrito, porque los pequeños, la chiquillada oportunista, existen, han existido y existirán en calidad de rémoras, ofreciéndose siempre, bajo sus particulares conveniencias, al mejor postor.

Mientras tanto, la sociedad: usted, yo, su familia, sus padres, su esposa, sus hijos y probablemente hasta sus nietos, hemos sido testigos del crecimiento desproporcionado en el andar de una clase política que, como "gremlins", se ha supermultiplicado degeneradamente. En esta clase, la búsqueda del poder ha estado por encima de la vocación de servir (salvo honrosas excepciones) y del bien común del pueblo al que aspiran a representar.

Mi editorial de hoy no es romántico, tampoco bélico ni provocador; es irónico y, hasta cierto punto, increíble porque creíamos que antes, con un solo partido, estábamos mal. Pero hoy, que los tenemos de todos los colores, en definitiva, si no estamos peor, sí, no estamos mejor.

Sin embargo, estimado lector, si hay algo de romanticismo en este editorial de hoy, éste raya en la tristeza de un genuino reclamo ante su cruel realidad, misma que se ajusta de forma precisa a las inspiradoras estrofas de nuestro glorioso himno nacional: "Mas si osare un extraño enemigo... Profanar con su planta tu suelo... Piensa, ¡oh Patria querida!, que el cielo... Un soldado en cada hijo te dio..." 

Pero lo realmente triste es que, cada uno de nosotros, cada uno de esos soldados que somos, permanecemos agachados al reconocer que ese "extraño enemigo", que es el corrupto comportamiento de quienes detentan el poder, ya no es extraño y, como una fatal enfermedad, ha invadido la esencia y razón de ser de lo que supone debía ser el quehacer honrado del servicio público.

Por hoy es todo, amable lector. Medite profundamente lo que le platico, aproveche el día, viva la vida, disfrute al máximo a su familia. Esperando que el de hoy sea para usted un productivo día. Me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos aquí el próximo lunes.

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